El estudio Noue Studio lleva adelante una intervención interior mesurada y respetuosa en una vivienda construida en 1983, bajo el nombre Villa familiar. El proyecto parte de una premisa clara: ordenar y clarificar la organización espacial existente, mejorando la fluidez de los usos cotidianos sin alterar la esencia del edificio original.
La estrategia principal consiste en el intercambio de funciones entre la cocina y el dormitorio, una decisión que reorganiza la dinámica doméstica y optimiza la relación entre los ambientes. Desde el acceso, una abertura cuidadosamente dispuesta guía la mirada y revela de manera gradual la profundidad del espacio habitable, poniendo en valor los volúmenes preexistentes.
Ahora abierta al salón, la cocina se integra al área social y favorece la construcción de un ámbito compartido y flexible. La ampliación de los huecos en la sala de estar refuerza la continuidad espacial con el exterior, convirtiendo la luz natural y el paisaje en componentes activos del proyecto y en protagonistas de la experiencia cotidiana.
La nueva distribución del baño responde a una gradación de intimidad, adaptándose a la diversidad de usos y tiempos propios de la vida familiar. Esta lógica organizativa acompaña la intención general de dotar a la vivienda de mayor coherencia y funcionalidad.
En cuanto a la materialidad, la propuesta se apoya en una paleta de materiales naturales y duraderos. Los techos de madera existentes se conservan y repintan, estableciendo un diálogo con la carpintería maciza de fresno y roble que subraya las nuevas intervenciones. Las paredes revestidas con yeso de cal aportan textura y calidez, mientras que la chimenea, rediseñada en ladrillo de tierra cruda, recupera su papel estructurante en el corazón del espacio habitable.
Cada operación proyectual busca revelar la calidad de los volúmenes originales y reforzar la identidad del lugar, consolidando una arquitectura que equilibra memoria, funcionalidad y sensibilidad contemporánea.
Fotografía: Willem Pab




