Diseñar un espacio para niños implica mucho más que incorporar juegos y colores. En el proyecto de Yayo, la diseñadora Renata Burneo planteó una propuesta en la que la identidad de marca se convierte en parte de la experiencia espacial, creando un entorno pensado para ser recorrido, explorado y disfrutado por niños de entre 6 meses y 5 años.
El punto de partida fue el branding de Yayo, tomando como referencia su paleta cromática, concepto y personajes. Sus siluetas fueron reinterpretadas para integrarse en distintos ambientes y acompañar el recorrido. De esta manera, la identidad visual dejó de estar únicamente presente en piezas gráficas para convertirse en un recurso capaz de construir una narrativa dentro del espacio.
Uno de los principales retos fue trasladar este lenguaje gráfico a los muros. Para lograrlo, se desarrolló una síntesis visual de los personajes y elementos de la marca, adaptándolos a las dimensiones y características de cada ambiente para luego plasmarlos manualmente. Este proceso permitió mantener una conexión entre la gráfica y la arquitectura, evitando que los elementos decorativos funcionaran como recursos aislados.
La propuesta también consideró las necesidades de los niños según sus edades y formas de interacción. El proyecto incorpora casitas temáticas de doctor, market, veterinaria y cocina, además de toboganes, paneles sensoriales y sacos de box. Cada elemento fue pensado desde sus dimensiones, recorridos y posibilidades de juego, demostrando cómo el diseño infantil requiere considerar aspectos como escala, seguridad, estímulo y libertad de exploración.
El resultado es un espacio donde el diseño forma parte del juego y cada ambiente propone una oportunidad diferente para descubrir y experimentar. La intervención de Renata Burneo muestra que diseñar para niños supone anticipar cómo ellos habitarán el lugar, entendiendo que la arquitectura puede acompañar su imaginación, movimiento y aprendizaje.
Fotografía: Sebastián Aparicio




