En Fazenda Boa Vista, FGMF desarrolla una vivienda que aprovecha la topografía y la vegetación existente para construir una relación continua entre arquitectura, paisaje y arte.
En una parcela de 14.000 m² ubicada en el condominio Fazenda Boa Vista, en la zona rural de São Paulo, FGMF desarrolla Casa Bosque, un proyecto residencial cuya estrategia parte de dos elementos existentes en el terreno: los árboles adultos y esculturales que ocupan su parte central y la pendiente que atraviesa el solar. Lejos de plantear estos elementos como condicionantes, el proyecto los incorpora como parte fundamental de su arquitectura, extendiendo la casa sobre el terreno y generando distintos recorridos y paisajes.

La pendiente adquiere una presencia importante en la composición y da volumen a las líneas rectas que recorren el terreno. Estas se transforman en frontones de piedra que dejan visible la topografía y funcionan como soporte para los diferentes pabellones que se adosan a ellos. Al integrarse con el cuerpo principal de la vivienda, los frontones aportan continuidad al diseño paisajístico y ayudan a organizar el programa, acompañados por otros planos de hormigón visto que refuerzan la geometría del conjunto.

La materialidad establece otro de los elementos centrales de Casa Bosque. Madera, hormigón y piedra se incorporan de manera diferenciada, generando capas que delimitan y conectan los espacios. La madera funciona como una amplia superficie de revestimiento, mientras que la piedra y el hormigón definen planos y volúmenes. Esta separación sutil entre materiales permite crear espacios intermedios desde los cuales es posible atravesar, observar y relacionarse con el paisaje.

El proyecto también incorpora diferentes pabellones distribuidos por el terreno y un gran volumen elevado sobre el bloque principal, donde se ubican las habitaciones. Su geometría ortogonal sigue la dirección de los frontones de piedra hasta convertirse en un voladizo que adquiere protagonismo sobre el patio ubicado entre los bloques de la vivienda. Esta composición permite organizar el programa sin perder la relación con el entorno, manteniendo una escala que dialoga con la vegetación y la topografía existente.

La continuidad entre los espacios interiores y exteriores se refuerza mediante distintos planos que organizan tanto la vivienda como el paisaje. Así se generan patios de diferentes dimensiones, donde las grandes esculturas reflejan el interés de los propietarios por el arte brasileño, una sensibilidad que también se extiende hacia los interiores. En Casa Bosque, la arquitectura, los materiales, la vegetación y el arte construyen una propuesta residencial en la que el paisaje no funciona únicamente como escenario, sino como parte esencial de la experiencia de habitar.




