La relación entre la arquitectura y el paisaje puede redefinir por completo la experiencia de habitar una vivienda. Bajo esta premisa, el arquitecto Bruno Ambrosini, de Estudio Ambrosini + Pesaque, desarrolló el proyecto Casa Pajatén, una intervención donde la distribución de los espacios fue replanteada para establecer una conexión permanente entre el interior y el exterior, creando ambientes más amplios, luminosos y confortables para la vida cotidiana.
Uno de los principales desafíos del proyecto fue transformar la organización original de la vivienda para lograr que cada ambiente tuviera un vínculo directo con un espacio exterior. Esta decisión permitió que la naturaleza acompañe el recorrido de la casa y que sus habitantes disfruten de una sensación constante de amplitud, ventilación y bienestar.
El recorrido comienza con un recibidor concebido para recibir a familiares y amigos, reflejando el estilo de vida de una familia especialmente sociable. Este primer ambiente establece una relación fluida entre las áreas interiores y exteriores, anticipando la esencia de toda la propuesta arquitectónica.
A continuación, un corredor interior conduce hacia la sala social, convirtiéndose en un eje de circulación que articula los distintos espacios de la vivienda. En este recorrido destaca una escalera restaurada que conserva parte de la identidad original del inmueble, mientras que la incorporación de un revestimiento laminado con acabado en madera aporta una atmósfera cálida y acogedora.
El corazón del proyecto es la cocina, concebida como el principal espacio de encuentro familiar. Su diseño incorpora dos áreas de trabajo que optimizan la funcionalidad diaria, además de una zona destinada a las actividades sociales y de preparación, respondiendo a las nuevas dinámicas de convivencia dentro del hogar.
La distribución continúa hacia el dormitorio principal, diseñado como un ambiente privado y confortable, mientras que en el exterior se desarrolla una completa zona de parrilla equipada para reuniones y momentos compartidos. En este espacio predominan los acabados en melamina con apariencia de madera, reforzando la continuidad material y la calidez presente en toda la vivienda.
La segunda planta responde a una organización claramente definida. Un primer eje está destinado a las áreas de los niños, mientras que el segundo reúne los espacios privados de los padres, incluyendo el dormitorio principal y su baño, garantizando privacidad sin perder la conexión con el resto de la casa.
A través de una distribución cuidadosamente estudiada, materiales cálidos y una estrecha relación con el exterior, Casa Pajatén demuestra cómo la arquitectura puede mejorar la calidad de vida de sus habitantes. La propuesta de Bruno Ambrosini, convierte cada recorrido y cada ambiente en una experiencia donde la funcionalidad, la convivencia y la naturaleza se integran de manera armónica.
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