La Casa Gandarillas, diseñada por José Pedro Vicente Arquitectos, plantea una respuesta arquitectónica que integra emplazamiento, paisaje, seguridad y clima costero. El proyecto organiza todo el programa de la vivienda en un volumen elevado, mientras mantiene la planta baja completamente abierta. De esta manera, el terreno se transforma en el principal escenario para la vida al aire libre, con piscina, jardines, terrazas, zona de barbacoa, hoguera, bar y espacios destinados a la reunión familiar.
La decisión de elevar la vivienda responde también a las condiciones naturales del lugar. Ubicada en una zona sísmica y próxima a la playa, la propuesta incorpora una estrategia de protección pasiva frente a posibles tsunamis posteriores a un terremoto o marejadas ciclónicas extraordinarias. Al permitir que el agua pueda atravesar la propiedad sin impactar directamente en los espacios construidos, el proyecto reduce la exposición de la vivienda ante estos fenómenos. Además, al tratarse de una segunda residencia de uso estacional, la elevación dificulta el acceso al interior durante los periodos en que permanece desocupada.
En el nivel elevado se concentra toda la vida familiar mediante un amplio espacio central que integra cocina, comedor, sala de estar y terraza. La continuidad entre estos ambientes favorece la convivencia y establece una conexión permanente con el paisaje. Desde esta altura, las visuales hacia la playa, el horizonte y la actividad marítima adquieren un papel protagonista en la experiencia cotidiana. La circulación vertical continúa hasta la azotea, concebida como una quinta fachada habitable que amplía las posibilidades de uso de la vivienda.
Otro elemento destacado es la doble envolvente desarrollada para responder al clima costero. Una segunda piel continua de acero microperforado envuelve el volumen principal y se separa aproximadamente 50 centímetros de la fachada interior, generando una cámara de aire ventilada. Esta solución funciona como un filtro ambiental: la radiación solar incide primero sobre la envolvente exterior, donde parte de la energía se refleja y otra se disipa mediante la ventilación de la cámara, disminuyendo la carga térmica que llega al interior.
Así, en la Casa Gandarillas, estructura, distribución y envolvente forman parte de una misma estrategia arquitectónica. El volumen elevado permite liberar el terreno, generar espacios exteriores de encuentro, responder a las condiciones de un emplazamiento cercano al mar y reforzar la seguridad de la vivienda. Más que plantearse como un objeto aislado, la casa establece una relación constante con el paisaje costero, convirtiendo el horizonte y las condiciones naturales del lugar en componentes esenciales de la experiencia de habitar.
Fotografía: Nicolas Saieh




