Toda arquitectura nace de una decisión capaz de definir la relación entre la vivienda, sus habitantes y el entorno. En Casa Álamos, proyecto desarrollado por En Obra Arquitectos, esa premisa se materializa en una propuesta que encuentra el equilibrio entre privacidad y apertura. Ubicada en Pinamar, en la costa de la provincia de Buenos Aires, la residencia se inserta en un paisaje donde el bosque, las dunas y la cercanía del mar conviven en constante transformación, convirtiendo a la naturaleza en el principal elemento que guía el diseño.
Lejos de imponerse sobre el lugar, la vivienda aprovecha la topografía característica del terreno para integrarse de manera natural al paisaje. La estrategia proyectual establece un frente cerrado hacia la Avenida Álamos, generando una barrera visual que protege la intimidad de quienes la habitan frente al movimiento urbano. En contraste, la casa se abre completamente hacia el norte, orientando sus principales espacios hacia el jardín y el bosque para aprovechar la luz natural y crear una conexión permanente con el exterior.
La experiencia espacial se construye mediante una continuidad entre los ambientes interiores y el paisaje. Grandes superficies acristaladas, galerías y terrazas prolongan las áreas sociales hacia el exterior, diluyendo los límites físicos entre arquitectura y naturaleza. Esta apertura permite que las visuales, la vegetación y la iluminación natural acompañen el recorrido por la vivienda, favoreciendo una forma de habitar donde el entorno se convierte en parte esencial de la vida cotidiana.
La materialidad refuerza esta búsqueda de integración y permanencia. Pensando en las exigencias del clima costero, En Obra Arquitectos recurrió a una selección de materiales nobles y de bajo mantenimiento que garantizan durabilidad con el paso del tiempo. El hormigón visto aporta solidez y un lenguaje contemporáneo; la piedra local fortalece el vínculo con la geografía de Pinamar; mientras que el vidrio desaparece como límite para permitir que el paisaje ingrese a cada espacio. El resultado es una arquitectura sobria y atemporal que demuestra cómo el diseño puede potenciar las cualidades del lugar sin competir con ellas.
Fotografía: Mariano Imperial




