Casa Mavra, diseñada por el estudio TAC Taller Alberto Calleja, se concibe como una intervención arquitectónica que dialoga de manera directa con el paisaje. El proyecto se organiza a partir de dos volúmenes angulares ejecutados en hormigón negro que se despliegan con fuerza sobre el terreno. Su presencia busca establecer un nuevo orden en el lugar, marcando una relación contundente entre arquitectura y naturaleza.
Como gesto inicial del proyecto, un muro continuo se eleva desde la base del terreno acompañando el recorrido de acceso. El sonido del agua que desciende por las escaleras acompaña este trayecto desde la calle hasta el interior de la vivienda. Este elemento no solo guía el ingreso, sino que también introduce al visitante en la atmósfera sensorial de la casa.
Este muro estructurador se convierte en el elemento organizador del proyecto, articulando los espacios y definiendo los usos. A medida que el recorrido avanza, la superficie vertical se transforma progresivamente en las cubiertas de la vivienda. De esta manera, el gesto arquitectónico adquiere protagonismo y da origen al carácter de Mavra, palabra que significa “negro” en griego.
El volumen horizontal ubicado hacia el lado oeste concentra las áreas sociales y comunes de la casa. Estos espacios se conectan en sus esquinas mediante patios llenos de vegetación que se integran al interior. La relación con el paisaje se mantiene constante, permitiendo que las áreas compartidas se abran visual y espacialmente hacia su entorno natural.
En el lado este se desarrollan los dormitorios privados de la familia, organizados mediante nodos de interconexión y largos pasillos de circulación. A lo largo de estos recorridos, aperturas verticales y horizontales permiten el ingreso de sol y lluvia a través de techos y muros. Estas intervenciones generan distintas atmósferas y sensaciones que cambian a lo largo del día y la noche.
Fotografía: Onnis Luque




