Ubicada en el condominio La Quebrada de Cieneguilla, esta vivienda unifamiliar se implanta sobre un terreno de 1,116.35 m² cuya topografía presenta una condición particular: el nivel natural del lote se encuentra por encima del acceso. Lejos de imponerse al terreno, el proyecto, desarrollado por Martín Dulanto Arquitecto, toma esta diferencia de cotas como punto de partida para construir una arquitectura que se adapta al lugar y dialoga con el paisaje.
El ingreso vehicular se resuelve en el nivel inferior, desde donde una escalera de piedra conduce al primer nivel, concebido como el espacio social de la casa. Este nivel se abre hacia el jardín, estableciendo una relación directa entre interior y exterior y convirtiéndose en el corazón de la vida cotidiana. La zona privada, ubicada en un nivel superior, se plantea como un ámbito más contenido y reservado, asegurando privacidad sin perder conexión visual con el entorno natural de Cieneguilla.
La organización del programa se expresa con claridad en la volumetría. En el nivel social, dos volúmenes dialogan entre sí: uno completamente vidriado, que aporta ligereza y transparencia, y otro revestido con celosías de madera shihuahuaco, que filtran la luz y generan una atmósfera cálida. En contraste, el volumen superior se presenta como un bloque de concreto caravista, acompañado por una jardinera perimétrica y una serie de parasoles verticales que regulan la incidencia solar y refuerzan el carácter sobrio del proyecto.
El interior se organiza de manera fluida y funcional. La zona social reúne sala, comedor, cocina, terraza, gimnasio y piscina, pensados como espacios de encuentro y disfrute. En el área privada, los dormitorios se complementan con un estar familiar y áreas de servicio, conformando una distribución que prioriza el confort y la claridad espacial. Cada ambiente ha sido cuidadosamente orientado para aprovechar la iluminación y ventilación natural, mediante ventanas, mamparas, teatinas y cubiertas ligeras de cristal templado con protección UV.
La materialidad refuerza la identidad contemporánea de la vivienda. Los pisos de piedra talamolle en el primer nivel, los muros en tonos claros, el concreto caravista, la madera natural y las carpinterías de aluminio anodizado negro conforman una paleta sobria y atemporal. La piscina, revestida en spray deck en tono colonial white, completa la propuesta con una estética limpia y coherente.
Más allá de su resolución técnica y formal, esta vivienda propone una forma de habitar que entiende el terreno como aliado y no como obstáculo. La arquitectura se integra al paisaje de Cieneguilla con sobriedad y equilibrio, articulando espacios que privilegian la luz, la ventilación y la relación constante entre interior y exterior. El resultado es una casa contemporánea, serena y atemporal, pensada para disfrutarse en el día a día y perdurar en el tiempo.




