Combinar distintos estilos en un mismo espacio puede enriquecer profundamente un proyecto de interiorismo, siempre que exista una estrategia clara detrás de cada decisión. Mezclar no significa acumular tendencias, sino construir un diálogo armónico entre piezas, materiales y atmósferas. La clave está en encontrar un hilo conductor que unifique el conjunto.
Uno de los primeros pasos es definir una base dominante. Puede tratarse de un estilo principal – moderno, clásico, industrial o escandinavo, que actúe como estructura visual. A partir de allí, se incorporan acentos de otros lenguajes que complementen sin competir. Mantener una paleta cromática coherente ayuda a integrar elementos diversos bajo una misma narrativa estética.
El equilibrio de proporciones también resulta fundamental. Si se combinan muebles de líneas rectas con piezas más ornamentadas, es importante que exista una relación armónica en escala y peso visual. Las texturas funcionan como puente entre estilos: madera natural, fibras, metal o textiles pueden suavizar contrastes y generar continuidad.
La repetición estratégica es otro recurso efectivo. Reiterar un material, un color o una forma en distintos puntos del espacio refuerza la cohesión general. Asimismo, es recomendable evitar la saturación; dejar áreas de descanso visual permite que cada pieza destaque sin desordenar el conjunto.
Mezclar estilos con coherencia implica diseñar con intención y sensibilidad. Cuando cada elemento responde a una visión integral, el resultado es un espacio auténtico y equilibrado.
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