Ubicada en Surat, The Calming Abode es una residencia privada de 930 m² concebida como un santuario interior, donde la arquitectura prioriza la serenidad por encima del gesto monumental. El proyecto, desarrollado por D’WELL, enfrenta el reto de una escala generosa sin caer en la grandilocuencia, apostando por volúmenes esculpidos, una materialidad sobria y una atmósfera profundamente habitable.
La casa se organiza a partir de grandes volúmenes contenidos que envuelven un mundo interior luminoso y privado. Muros monumentales, cuidadosamente articulados, enmarcan los espacios sin recurrir a la ornamentación: la identidad del proyecto se construye desde la proporción, la profundidad y la textura. Esta contención formal permite que la arquitectura se perciba sólida y silenciosa, más cercana a la idea de refugio que a la de exhibición.
La paleta material equilibra lo artesanal con la precisión contemporánea. La piedra basáltica tallada a mano, los muros con acabado de cal y los detalles en travertino aportan peso, permanencia y calidez. En contraste, el acero inoxidable aparece en escaleras, barandillas y gabinetes de cocina, introduciendo un contrapunto técnico que dialoga con la trayectoria profesional de la familia y se integra de manera sutil al lenguaje arquitectónico. Encimeras de hormigón hechas a medida y obras de arte integradas refuerzan la honestidad material del conjunto.
La circulación es protagonista de la experiencia espacial. Dos escaleras esculturales, una de hormigón y piedra, otra una amplia espiral de acero, articulan el movimiento vertical y funcionan como piezas habitables dentro del espacio. Un estar de doble altura actúa como columna vertebral de la vivienda, bañado por luz natural difusa. Muebles bajos y monolíticos liberan la percepción del volumen, permitiendo que la arquitectura “respire”, mientras las superficies de piedra natural humanizan la escala del interior monumental.
En los niveles superiores, la casa se vuelve hacia la intimidad. Los cinco dormitorios se conciben como capullos táctiles, con paletas terrosas, detalles de madera cálida y mobiliario empotrado sin juntas que generan ambientes contenidos y serenos. La continuidad material se mantiene, reforzada por la presencia constante de la piedra basáltica que asciende por el hueco de la escalera de cuatro plantas y por los muros principales, consolidando una sensación de solidez y permanencia.
El proyecto demuestra que la monumentalidad puede ser contenida y amable cuando se equilibra con materialidad honesta y una composición meditada. Al combinar volúmenes esculpidos, superficies táctiles y detalles contemporáneos, la residencia alcanza una noción de lujo sereno y arraigado, definida por la claridad espacial, la profundidad sensorial y una presencia duradera que privilegia la experiencia por encima del exceso visual.
Fotografía: Ishita Sitwala




