En esta entrega de Dossier, se analiza el proyecto Luz Azul, diseñado por Carla Castro, como un caso de estudio donde la arquitectura y el interiorismo se integran de manera coherente para construir una experiencia espacial integral. El proyecto no se aborda únicamente desde lo estético, sino como una suma de decisiones estratégicas que articulan funcionalidad, atmósfera y percepción del espacio.
Uno de los ejes principales del proyecto es la materialidad noble, entendida como una elección consciente que trasciende lo visual. Los materiales no solo definen la identidad estética de los ambientes, sino que también influyen en su durabilidad, mantenimiento y en la manera en que el espacio es percibido a lo largo del tiempo. Esta aproximación permite consolidar una arquitectura más honesta y atemporal.
Otro aspecto fundamental es el trabajo con la luz, utilizada como una herramienta proyectual capaz de transformar la experiencia espacial. A través de la iluminación natural y artificial, se jerarquizan ambientes, se enfatizan texturas y se generan distintas atmósferas según el uso de cada espacio, logrando una lectura dinámica y sensible del interior.
Finalmente, el proyecto incorpora una cuidadosa curaduría de objetos y mobiliario, donde cada pieza es seleccionada para dialogar con el conjunto. Esta estrategia permite equilibrar funcionalidad, ergonomía y valor visual, reforzando la coherencia del diseño. Luz Azul se presenta así como una guía sobre cómo construir espacios integrales donde arquitectura e interiorismo trabajan en conjunto para elevar la calidad del habitar.
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