Ubicada al sur de la Ciudad de México, esta residencia diseñada por Estudio Libre MX nace con un objetivo claro: convertirse en un espacio de convivencia, reuniones y esparcimiento familiar. El proyecto toma como eje principal un carril de natación, alrededor del cual se articula el resto del programa arquitectónico. Su diseño lineal permite que el recorrido revele gradualmente las áreas públicas y privadas, invitando al usuario a descubrir la arquitectura a través de secuencias espaciales fluidas.
Desde el acceso este, tanto vehicular como peatonal, se despliegan los espacios sociales: sala, comedor, cocina y jardines. Estos ambientes, abiertos y conectados, establecen un diálogo directo con el exterior. Hacia el fondo del terreno se concentran las áreas de bienestar y descanso, como el baño turco, las duchas, el gimnasio y los dormitorios, generando un contraste intencional entre lo activo y lo contemplativo.
Uno de los rasgos más distintivos del proyecto es su habilidad para jugar con la relación lleno/vacío, volumen/vacío, creando zonas de transición que funcionan como vestíbulos y miradores interiores. La gran cubierta de concreto armado, sostenida por columnas circulares y un muro de carga revestido en tezontle, se convierte en el gesto arquitectónico dominante. Este muro parece deslizarse bajo la losa para enmarcar el carril de natación, mientras que la estructura abierta fomenta la ventilación natural cruzada sin necesidad de ventanas convencionales.
Bajo esta amplia cubierta, un par de cortinas móviles permiten controlar la incidencia solar y la lluvia, adaptando el ambiente a distintas condiciones climáticas. El volumen principal se eleva sobre muros de piedra vista que sostienen una losa ligera de concreto, generando una sensación de flotación sobre la vegetación. El carril de natación se intersecta con esta plataforma, extendiéndose bajo el voladizo y guiando al usuario hacia las áreas privadas mediante pasarelas y jardineras que acompañan el recorrido.
En la zona más íntima del proyecto, los muros de piedra tallada localmente enmarcan espacios de relajación con iluminación tenue y atmósfera cálida. Aquí se encuentran el gimnasio, el baño de vapor y las duchas, concebidos como refugios sensoriales. En el segundo nivel, dos recámaras con cocineta y balcón coronan la vivienda. El acceso se da a través de una escalera de piedra que asciende a una terraza habitable rodeada de jardineras y grava de tezontle, consolidando un conjunto arquitectónico que combina contemplación, fluidez y equilibrio material.
Fotografía: Luis Young




