El proyecto de renovación de este apartamento de la década de 1970 fue desarrollado por los arquitectos João Marujo y Orlando Naj, quienes propusieron una intervención precisa para potenciar la amplitud de la planta original y corregir algunas de sus principales deficiencias funcionales. La falta de luz natural y la necesidad de jerarquizar las áreas sociales impulsaron una reorganización estratégica de los espacios, orientada a mejorar la relación entre cocina, lavandería, comedor y sala de estar, sin alterar de manera radical la estructura existente.
Una de las decisiones clave fue trasladar la lavandería al ala privada del apartamento. Este cambio permitió liberar la antigua zona de servicio y transformarla en comedor, aprovechando una de las mejores vistas del inmueble, que anteriormente se encontraba bloqueada por cerramientos opacos. La operación no solo mejoró la calidad espacial del área social, sino que también optimizó el uso de la planta, otorgando mayor protagonismo a los espacios de encuentro.
Para reforzar la integración entre ambientes, se incorporó una puerta plegable de vidrio entre la cocina y la sala de estar. Esta nueva conexión aporta continuidad visual, favorece la entrada de luz natural y mejora la circulación, permitiendo que los espacios se adapten a distintos modos de uso. El recorrido se completa con una abertura adicional entre la sala de televisión y el comedor, generando un circuito fluido que potencia la percepción de amplitud y la interacción entre las áreas sociales.
En las zonas privadas, la intervención respetó en gran medida la distribución original, con excepción del nuevo lavadero. La suite principal fue reorganizada internamente para incorporar un baño más amplio y funcional, mientras que uno de los dormitorios se reconvirtió en despacho, respondiendo a nuevas dinámicas de habitar. En estos espacios, el diseño se centró en el desarrollo de muebles a medida, buscando coherencia formal y un uso eficiente de cada metro cuadrado.
La propuesta estética adoptó un lenguaje minimalista para los nuevos acabados, en diálogo con el parquet de ipê rayado existente, que fue restaurado como elemento de valor dentro del interior. El contraste entre la madera y las paredes blancas permite resaltar los objetos personales de los nuevos residentes, que aportan identidad y construyen una narrativa visual propia. De este modo, la renovación equilibra sobriedad, funcionalidad y carácter, dando nueva vida a un espacio que se adapta a las formas contemporáneas de habitar.
Fotografía: Lela Leme




