En Itupeva, Brasil, Casa Itupeva, proyectada por UNA MUNIZVIEGAS, surge a partir de una lectura sensible del territorio y del deseo explícito de integrarse al paisaje. Desde las primeras visitas al sitio, el terreno reveló sus protagonistas: grandes rocas emergiendo de la ladera sur, una vegetación densa que protege el entorno y un lago cercano al que se accede por un sendero entre los árboles. Lejos de imponerse, la vivienda se concibe como una pieza que dialoga con estos elementos, estableciendo una relación equilibrada entre arquitectura y naturaleza.
El proyecto fue pensado para una pareja de alrededor de 80 años, cuyos cinco hijos, junto a sus respectivas familias, visitan con frecuencia la casa. Esta dinámica intergeneracional definió una estrategia clara de organización espacial. La vivienda se estructura en dos sistemas complementarios: un pabellón horizontal en planta baja destinado a la pareja, resuelto con madera laminada encolada que aporta ligereza y calidez, y un conjunto de dormitorios integrados a la topografía mediante una estructura de hormigón que se ancla al terreno como si fuera una extensión de las propias rocas. Sobre esta base sólida se posa la piscina, concebida como un espejo de agua que refleja el bosque y consolida una nueva configuración paisajística. Madera, hormigón y agua sintetizan la esencia material del proyecto.
La dualidad entre lo ligero y lo macizo define su carácter arquitectónico. En la parte superior, la casa se percibe transparente y abierta al entorno; en la base, aparece contenida y firme, fundida con el suelo. Esta condición le permite funcionar tanto como residencia principal en el día a día como casa de acogida para reuniones familiares numerosas, equilibrando privacidad y espacios de encuentro sin que uno excluya al otro.
El acceso principal, planteado como un porche en el sector noroeste elevado, posibilita que la vivienda de un solo nivel se proyecte visualmente sobre el paisaje, garantizando vistas amplias y continuas. Los espacios más generosos no se limitan al interior, sino que se expanden en áreas exteriores cubiertas vinculadas a terrazas, jardines y la piscina. El clima de la región favorece el uso prolongado de estos ambientes intermedios, siempre resguardados del sol y la lluvia.
La cubierta de madera desempeña un papel clave en la eficiencia ambiental del proyecto. Gran parte de ella se compone de balcones y aleros que se duplican hacia el interior para crear un colchón de aire, mejorando el comportamiento térmico y reduciendo la necesidad de climatización artificial. Este sistema también recoge agua de lluvia y puede disminuir la temperatura interior hasta en casi diez grados, reforzando el compromiso con un diseño pasivo y consciente.
Durante la construcción, las grandes rocas del terreno fueron desplazadas temporalmente y luego reincorporadas al proyecto. Algunas se cortaron y reutilizaron como pavimento exterior, asegurando continuidad material y memoria del lugar. El resultado es una vivienda donde árboles, piedras y agua conviven con la nueva arquitectura en un mismo plano protagónico. Casa Itupeva no se presenta como un objeto aislado, sino como una intervención que amplifica la fuerza del paisaje y transforma la experiencia de habitar en un diálogo permanente entre materia, naturaleza y luz.




